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Las reformas agrícolas pueden elevar el consumo de azúcar

El Comité Científico Consultor de Nutrición del Reino Unido redujo sus recomendaciones de azúcar a no más de un 5 por ciento de las calorías diarias, y la agencia Salud Pública de Inglaterra ha propuesto medidas para reducir el consumo de azúcar. Sin embargo, “se ha prestado poca atención a factores estructurales importantes, incluyendo a la agricultura, que también influyen el consumo de azúcar en el Reino Unido. La política agrícola, a través de su efecto en el precio y en la disponibilidad de alimentos, es conocida por ser un importante determinante en la salud”, ha opinado Emilie Aguirre, de la Universidad de Cambridge, junto a un grupo de expertos en un análisis que publica hoy The British Medical Journal.

Este análisis se publica a propósito de los cambios en el sector agrícola, ya que la política común europea de agricultura ha protegido a la industria azucarera con la ayuda de intervenciones que han mantenido los precios altos y prevenido las importaciones extranjeras. Como resultado, la industria azucarera europea es extremadamente rentable y se sitúa entre cinco de los diez productores más grandes del mundo.

Sin embargo, la Unión Europea ha ido eliminando progresivamente estas protecciones, y las reformas realizadas en 2013 habrán liberalizado la industria azucarera en 2017, con la eliminación de cuotas de producción, la garantía de precio mínimo y la abolición de la capacidad de producción en el sirope de maíz alto en fructosa. La Comisión Europea ha predicho que el precio de azúcar total se reducirá sustancialmente, la producción de sirope de maíz se triplicará, y la producción de azúcares se incrementará en torno al 15 por ciento en la década antes de que las cuotas finalicen.

En alimentos procesados
¿Cómo afectará al consumo de azúcar? Según los autores del trabajo, el bajo precio del azúcar hará más rentable que se añada a los alimentos procesados para elevar la palatabilidad y la cantidad ingerida. Además, el sirope de maíz tiene beneficios en el sabor, la estabilidad, la frescura, la textura y consistencia. Además puede utilizarse tanto en alimentos dulces como y salados. Por tanto, los autores del análisis aventuran que quizá el mercado de la alimentación sea aún más rentable lo que podría provocar que se resistan a aceptar las regulaciones.

Los autores añaden que los productos alimentarios procesados y baratos suelen incorporar más azucares y se consumen con mayor frecuencia en grupos socioeconómicos desfavorecidos, lo que contribuiría a aumentar las desigualdades en salud.

Las reformas, al igual que otras políticas agrícolas globales, “fueron diseñadas para beneficiar a la industria más que a la salud pública. No se han parado a considerar las implicaciones en salud pública de una reforma azucarera, ni siquiera pese a que al inicio de las modificaciones la Comisión Europea ya adelantara que los resultados traerían consigo un aumento en el consumo de azúcar. Existe el riesgo de que las medidas propuestas y en marcha para reducir el consumo de azúcar sean debilitadas”. De ahí que los analistas de la Universidad de Cambrigde recomienden que los gobiernos establezcan metas para reducir el contenido de azúcar de los alimentos procesados e implanten sistemas capaces de monitorizar su cumplimiento, los precios de los alimentos, la dieta y la salud para determinar los efectos de la reforma. “Puesto que las políticas agrícolas pueden definir el consumo de alimentos y nutrición, deberían integrar explícitamente la salud”.

(Diario Médico)

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