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La colza resurge como biocombustible

La intoxicación por aceite de colza adulterado sigue perviviendo indeleble en el imaginario colectivo. La muerte de 700 personas a causa del envenenamiento masivo de 1981 y las secuelas irreversibles originadas continúan retrayendo el consumo de la colza, a pesar de que el cultivo de la planta ha crecido de manera exponencial en los últimos años en España. Los recelos del consumidor español obligan a destinar la producción casi completamente a la generación de biocombustible. Pese al miedo que inspira, la colza está cobrando mucha pujanza entre los agricultores. Y la razón de ello son las generosas subvenciones que a través de la Política Agraria Común (PAC) destina la UE a este cultivo.

Por su alto contenido en omega 3 y 6, así como vitamina E, el aceite de colza es bueno para la salud. No se olvide que los ácidos grasos son saludables para el corazón y pueden ayudar a reducir los niveles de colesterol y prevenir que la sangre se coagule. Sin embargo, el recuerdo colectivo de la adulteración del aceite de colza hace 35 años no anima a los españoles a emplearlo para aliñar sus ensaladas.

En España, la expansión de las plantaciones de colza no tiene nada que ver con la alimentación humana. Aparte de para biocombustible, la UE está interesada en promover la colza para harinas y forrajes. No en balde, se trata de un producto muy demandado en Europa. Al tener una semilla de siembra invernal, evita la erosión del terreno y aprovecha las lluvias otoñales y de los meses más duros del año. El año pasado la superficie de colza cultivada se cifraba en 68.440 hectáreas, el 59% más que el año anterior.

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